G. BALBOA, BALTA
Hay veces que la vida se puede ver como una condena. La mía, al menos, se puede analizar como una búsqueda incesante del amor. Las ganas de darlo a luz, de alumbrarlo y traerlo al mundo de una forma sempiterna son el motor que mueve mi mundo.
Está obra, mezcla de lo culto y lo castizo, habla del manido y magnánimo tópico humano: el amor. Eso sí, a la vez que se habla del amor, se habla de distintos atributos, experiencias y formas en el que este se presenta como condena.
En general, es un poemario muy difícil de describir brevemente; por eso os recomiendo encarecidamente que vosotros mismos descubráis su contenido y, de paso, saquéis vuestras propias conclusiones.