GALVÁN OLALLA, FRANCISCO
En un mundo despiadado, la maldad es una virtud.
En una ciudad convertida en una ciénaga pestilente de corrupción, mentiras e hipocresía es difícil no ser un canalla. Pero si ya lo eres desde adolescente, Mordrid es un agujero ideal para prosperar, aunque para ello tengas que matar, traficar con drogas o apalear a inmigrantes, homosexuales o izquierdistas. Mordrid está controlada por una oligarquía perversa que mezcla a su antojo política y economía, abusa de lo público y no duda en eliminar al que le molesta.