GONZÁLEZ GARCÍA,FERNANDO
Las llamaban en Cerdeña casas de las hadas y eran tumbas neolíticas excavadas en la roca; no hace tanto jugaban en ellas los niños. Yo he soñado y sueño con casas subterráneas o flotantes. Sobre papel rugoso alguien dibujó una línea que asciende temblando y otras dos que bajan, la esquina y el tejado, y se quedó mirando. Podría haber sido Morandi, o Paul Klee.
Madre, madriguera, refugio, ruina.
Le llevé los poemas en desorden a un famoso ilusionista.
Se podían barajar, me dijo. Era necesario, sólo, confiar en las manos, con su calor, la desigual adherencia de los dedos, los latidos del ritmo.