AULESTÍA MARTÍNEZ,MIGUEL ÁNGEL
La figura de F. Nietzsche se desenvuelve en cuatro pilares fundamentales: la muerte de Dios; el eterno retorno; la voluntad de poder y el superhombre. Pero esto es tan solo un efecto de superficie y escenificación; por debajo circulan potentes senderos subterráneos, como: la descripción detallada de los orígenes tenebrosos y enfangados del sentimiento moral, donde apenas se puede distinguir, levemente, entre el bien y el mal; el ocaso de los caducos valores celestiales que deben ser transustanciados por otros valores terrenales más prístinos y vitales; la aparición tan tardía de la conciencia en el universo, esa excrecencia humana que, al final, no se sabe si es una estructura fallida excepcional o un milagro que tiene que ser aplaudido o no, habiendo sido superflua evolutivamente hablando durante miles de millones de años.
Se añade la pregunta de si existe un verdadero sentido de la vida en este universo frío e indiferente a los pusilánimes avatares del hom-bre. Aparece la crítica feroz a la existencia de ese debilitado Yo cautivo y tembloroso que tiene que inclinarse a ese poderoso inconsciente que nos